CIUDAD DE MÉXICO, 14 de julio, (CÍRCULO DIGITAL).–Poco a poco  la Concacaf se ha ido recuperando del escándalo que le azotó en diciembre del 2015, cuando el hondureño Alfredo Hawit, quien era su presidente, fue arrestado en Zúrich por su participación en un caso de sobornos por la venta de derechos de televisión de torneos y la comercialización de los mismos.

Conforme avanzaron las investigaciones los nombres de Rafael Callejas (Honduras), Ariel Alvarado (Panamá), Brayan Jiménez, Rafael Salguero, Héctor Trujillo (los tres de Guatemala) y Reynaldo Vázquez (El Salvador), aparecieron en la lista negra que incluyó a todos los implicados dentro de la Confederación de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe que hoy es presidida por el canadiense Victor Montagliani, quien es acompañado por Justino Compeán, expresidente de la Federación Mexicana, en la vicepresidencia.

Luego de haber sido cimbrada por el escándalo, la Concacaf tuvo que resurgir y por ello el 25 de febrero del 2016 sus 41 delegados votaron a favor de las reformas que hoy los rigen y con las que buscar recuperar la credibilidad y limpiar, aunque sea lentamente, su imagen.

Limitar a 12 años los mandatos, advertir que cualquier candidato a ocupar algún puesto en su organigrama debe someterse a una revisión por parte del Comité de Ética Independiente, la revisión y aprobación anual de remuneraciones y al auditar a cualquier asociación que recibe dinero de la Confederación fueron parte de los cambios que se anunciaron para evitar otro problema similar.

“Después de votar las reformas, toca implementarlas. Y para eso hay que cambiar la cultura. Pero es futbol: el balón rueda para delante y hay que ir paso a paso”, comentó Jurgen Mainka, subsecretario general de la Concacaf.